
San Artemas, también llamado Artemio, es un mártir de los primeros siglos venerado en Pozzuoli, la antigua Puteoli romana, en la costa de la Campania, cerca de Nápoles. Sobre su vida se sabe muy poco con certeza, pero los indicios de su culto son antiguos y fiables: su nombre aparece en el llamado Martirologio Jeronimiano, el gran calendario de mártires de la Antigüedad tardía, y su figura estuvo representada en los mosaicos de la basílica de San Prisco, cerca de Capua, realizados hacia el año 500 y hoy desaparecidos.
Todo hace pensar que sufrió el martirio en la misma Pozzuoli, puerto donde el cristianismo llegó muy pronto, y que su tumba fue honrada por la comunidad local. Una leyenda posterior lo presenta como un niño que enseñaba la fe a sus compañeros y que, denunciado como cristiano, habría muerto a manos de ellos con los punzones de escribir. Sin embargo, ese mismo relato se cuenta de otros mártires más conocidos, como san Casiano de Imola, por lo que los estudiosos lo consideran un préstamo.
Su caso es un buen ejemplo de los muchos mártires antiguos de los que la Iglesia conserva el nombre y el lugar del testimonio, aunque no los detalles. Se le recuerda el 25 de enero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.