
Bernardo, conocido como Bernardo de Menthon o de Aosta, vivió en el siglo XI en los Alpes occidentales. La tradición lo hace nacer en el castillo de Menthon, junto al lago de Annecy, en Saboya, aunque los historiadores consideran poco seguros muchos detalles de las biografías tardías. Lo que sí está bien establecido es que fue arcediano de la diócesis de Aosta, en el actual norte de Italia, y que dedicó su vida a la predicación y al servicio de los viajeros.
Los pasos alpinos que comunicaban Italia con el norte de Europa eran entonces muy peligrosos por el frío, la nieve, los aludes y los bandidos. Bernardo fundó dos hospicios en lo alto de los puertos de montaña que hoy llevan su nombre, el Gran San Bernardo y el Pequeño San Bernardo, para acoger y socorrer a peregrinos, comerciantes y caminantes. Los confió a una comunidad de canónigos regulares que, a lo largo de los siglos, se hizo famosa por sus rescates en la montaña, en los que más tarde se emplearon los conocidos perros San Bernardo.
Murió en Novara, probablemente hacia 1081, mientras realizaba un viaje, y allí fue sepultado. Su culto se extendió por los Alpes y fue reconocido por la Iglesia. En 1923 el papa Pío XI, que había sido un gran alpinista, lo proclamó patrono de los habitantes de los Alpes y de los montañistas. Los canónigos del Gran San Bernardo siguen manteniendo hoy el hospicio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.