
Gran alegría, en Pompeya, por la noticia de que el Papa ha aprobado los votos favorables de los miembros del Dicasterio para las Causas de los Santos a la canonización del fundador del Santuario de la Bienaventurada Virgen del Santo Rosario. El Arzobispo Prelado: vivió la santidad en lo ordinario, testigo ejemplar de caridad para nuestro tiempo, amó a los pobres y se ocupó de muchos jóvenes.
Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano
“¡Si propagas el Rosario, te salvarás!”: aquella voz que Bartolo Longo escuchó un día, en el Valle de Pompeya, allá por 1872, mientras se interrogaba sobre su existencia, atormentado por las experiencias poco edificantes del pasado, allanó el camino a una nueva vida. Fueron precisamente aquellas palabras las que impulsaron al joven abogado de origen apuliano a difundir el culto a la Virgen del Rosario, a catequizar a los campesinos de las tierras a la sombra del Vesubio, a renovar la pequeña iglesia parroquial del Santissimo Salvatore y a erigir, por consejo del obispo de Nola, una nueva iglesia, dedicada a la Virgen.
Un camino hacia la santidad el de Bartolo Longo que el Papa Francisco reconoció al aprobar ayer, 24 de febrero, los votos favorables de los miembros del Dicasterio para las Causas de los Santos para su canonización, después de la petición del prelado arzobispo y delegado papal del Santuario de Pompeya, Tommaso Caputo, y del presidente de la Conferencia Episcopal de Campania y obispo de Acerra, Antonio Di Donna, en junio del año pasado, de la dispensa del milagro porque Longo puede ser señalado como un modelo excelente en la Iglesia y un testigo ejemplar de la caridad cristiana.
¿Qué dice la santidad de Bartolo Longo al mundo de hoy?
En primer lugar, que la oración es esencial para nuestra vida, que la fe en Dios transforma nuestra existencia personal y la de quienes nos rodean. Bartolo Longo fue un hombre de Dios. Algunos lo han llamado el abogado de la Virgen para enfatizar su profesión de abogado y su devoción a la Virgen. Escribió mucho, entre otras cosas escribió la historia del Santuario de Pompeya en la que cuenta que hacia finales de octubre de 1872, mientras caminaba por primera vez por los caminos de tierra y solitarios del valle de Pompeya, sintió una inspiración interior: "Si buscas la salvación, propaga el Rosario". Es la promesa de María: quien difunde el Rosario se salva. La oración, y en particular el rezo del Rosario, fue fundamental en la existencia de Bartolo Longo, redescubrió el alma cristológica de esta oración mariana. Es un laico, que llega a esta tierra y la transforma también desde el punto de vista social, económico y civil. Para nosotros los creyentes, la oración del Rosario es la tierra buena en la que arraiga toda la obra de Bartolo Longo. Algunos podrían pensar que la primera llegada de Longo en octubre de 1872 tiene valor sólo para los creyentes. No es así. Podemos decir que cuando Longo llegó al valle de Pompeya para hacerse cargo de las tierras de Marianna Farnararo De Fusco, quien se convertiría no sólo en su esposa sino también en la cofundadora del santuario, todo cambió para estas tierras. Allí vivían sólo unos pocos campesinos, con una existencia precaria y difícil por las incursiones de bandidos y la malaria, pero gracias a la Providencia y al coraje creativo de Bartolo Longo, alrededor del Santuario comenzó a desarrollarse una verdadera ciudad, cuya primera piedra fue colocada el 8 de mayo de 1876: casas, instituciones para la acogida de huérfanos e hijos de prisioneros y, luego, la oficina de correos, la oficina de telégrafos, la estación ferroviaria, la fuente. Todo cambió.
Un aspecto determinante para la canonización fue precisamente su actualidad. Longo se adelantó a su tiempo, fue un modelo de esa Iglesia en salida que es central en la enseñanza del Papa Francisco. Al leer sus escritos uno queda asombrado por la modernidad léxica, y más aún por el contenido. Bartolo Longo tiene una visión profética, conoce bien a la humanidad y es consciente de las perspectivas. Trabajó, escribió y habló entre finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del siglo XX, pero parece un santo de hoy. Consideremos, por ejemplo, su pedagogía. Decenas de miles de niños y niñas en situación de riesgo han sido acogidos en las instalaciones que él quería. Las teorías científicas de la época consideraban a niños y jóvenes perdidos, sin familia o, peor aún, hijos de delincuentes. Conocemos las teorías de Lombroso según las cuales el hijo de un preso no podía llegar a ser otra cosa que un criminal. Bartolo Longo, en una visión profética, va contra la corriente y a través del estudio, el juego, la música, la oración, el amor, da a estos muchachos un futuro, creciendo, como San Juan Bosco, buenos cristianos y honestos ciudadanos. El primer niño acogido, hijo de un prisionero, un asesino, se convirtió en sacerdote. Nos preguntamos: ¿no será quizá necesaria también hoy, sobre todo en las periferias de nuestras ciudades, esa visión pedagógica? ¿Qué tan moderno y actual es un santo que piensa en los jóvenes y quiere hacer de ellos hombres y ciudadanos? ¿Qué tan moderno es un santo que quiere intentar acercar a la fe a los que están lejos? Qué santo tan moderno es consciente de lo esencial que es la paz para la humanidad y de lo importante que es el trabajo para cada familia, que es el núcleo de toda sociedad.
Estamos viviendo el Jubileo. El Jubileo es el tiempo del perdón. Yo diría que es hora de pedir perdón. Bartolo Longo no nació santo; de hecho, en su juventud, cuando era estudiante en Nápoles, se perdió en las corrientes espiritualistas muy en auge en el siglo XIX. Había abandonado así la fe católica en la que había sido educado. Dios, sin embargo, puso en su camino al profesor Vincenzo Pepe, al dominico Alberto Radente, a la noble y hoy santa Caterina Volpicelli, al franciscano Ludovico da Casoria, quienes recondujeron a Longo al camino del bien y la conversión de Longo fue total. Se dedicó en cuerpo y alma a la religión y a la caridad. El 3 de agosto de 2023, el Papa Francisco, durante la ceremonia de bienvenida de la 37ª Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Lisboa, dirigió a los jóvenes estas extraordinarias palabras: en la Iglesia hay lugar para todos, para todos, nadie es inútil, nadie es superfluo, hay lugar para todos. Pidió a los niños que lo repitieran con él, cada uno en su idioma: ¡Todos, todos, todos! Todos, todos, todos. Aquí está el significado más profundo de un Jubileo: el Señor, y con Él la Iglesia, abren sus puertas a todos y no hay error que pueda impedir el perdón. Bartolo Longo pidió perdón y se convirtió. Ésta es su enseñanza. Hay que saber pedir perdón y vivir en la voluntad de Dios. La Iglesia necesitaba a Bartolo Longo, un laico, un abogado que construyó el santuario, fundó obras de caridad, construyó la nueva ciudad de Pompeya y hoy es santo. Éstos son los frutos de la conversión a la que nos llama el Jubileo.
Bartolo Longo propagó incansablemente el Rosario. Ahora miles de fieles recitan la oración mariana por el Papa.
Ninguna palabra parece capaz de explicar toda nuestra emoción y gratitud hacia el Papa Francisco, que, en un momento de sufrimiento y desde una silla especial, la de la habitación del hospital, quiso conceder a todos los devotos de la Virgen de Pompeya, en todo el mundo, esta gran alegría al reconocer la santidad de Bartolo Longo. El Santo Padre, incluso desde Gemelli, sigue ejerciendo su ministerio con el coraje y el cuidado de un padre. Ésta también es una enseñanza preciosa, una página maravillosa de su enseñanza. Y en Pompeya estamos rezando con mucha intensidad por el Papa Francisco, a través de los cuatro rosarios diarios en las celebraciones eucarísticas, en la hora de adoración que hacemos todas las tardes, justo en la capilla del Beato Bartolo Longo. Porque Pompeya ama al Papa de una manera especial y profunda, el santuario de Pompeya es la casa del Papa. Y en estos días la oración se ha intensificado y nos unimos a los fieles de todo el mundo que rezan por el Pontífice, en la celebración de la Eucaristía, en el rezo del Rosario. Oramos también con la profunda certeza de que Nuestra Señora del Santo Rosario y el Beato Bartolo Longo del Cielo escuchen nuestra oración por la salud del Santo Padre.
Oración
Oremos
Glorioso San Bartolo Longo... a ti acudimos, llenos de confianza en tu intercesión. Nos sentimos atraídos a ti con una especial devoción y sabemos que nuestras súplicas serán más agradables a Dios nuestro Señor, si tu, que tan amado eres de Él, se las presentáis. Tu caridad, reflejo admirable de la de Dios, te inclina a socorrer toda miseria, a consolar toda pena y a complacer todo deseo y necesidad, si ello ha de ser en provecho de nuestra alma. Mira, pues, nuestras miserias y penas nuestros trabajos y necesidades, nuestros buenos deseos, y alcánzanos que cada día aseguremos más nuestra eterna salvación con la práctica de las buenas obras y la imitación de tus virtudes.
Fuente de la biografía: Evangelizo.org.