Plácido fue uno de los primeros discípulos de san Benito de Nursia, el padre del monacato occidental, en el siglo VI. Lo que se sabe de él procede de los Diálogos de san Gregorio Magno, que narran la vida de san Benito. Según ese relato, Plácido era hijo de un noble romano llamado Tértulo, que lo confió siendo niño a Benito para que se educara en la vida monástica, en la comunidad que el santo había reunido en Subiaco, al este de Roma. Junto a él se educó Mauro, otro joven de familia noble.
Gregorio cuenta el episodio más conocido de su vida: un día, Plácido fue a sacar agua del lago y cayó al agua, siendo arrastrado por la corriente. Benito, desde su celda, lo supo en espíritu y mandó a Mauro a salvarlo. Mauro corrió y, sin darse cuenta, caminó sobre el agua, sacó al niño y lo llevó a la orilla. Después, maestro y discípulo discutieron humildemente sobre a quién se debía el prodigio: Benito lo atribuía a la obediencia de Mauro, y Mauro a la orden de su abad. La escena se convirtió en un símbolo de la obediencia que pide la Regla benedictina.
Una leyenda posterior hizo de Plácido un mártir muerto en Sicilia con varios compañeros, pero los historiadores consideran que esa tradición no tiene fundamento y que confunde su figura con la de otros mártires. Su memoria se celebra el 5 de octubre, y en la tradición benedictina se le recuerda como modelo de joven monje.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.