San Arbogasto fue obispo de Estrasburgo en el siglo VII, en tiempos de los reyes merovingios. Lo que se sabe de su vida está mezclado con leyendas, porque los relatos que se conservan son muy posteriores. Algunas tradiciones lo hacen originario de Escocia o de Irlanda, pero es más probable que procediera de Aquitania, en el suroeste de la actual Francia.
Según la tradición, vivió primero como ermitaño en un bosque de Alsacia y su fama de santidad llegó a la corte de los reyes francos. Un relato muy difundido cuenta que el hijo del rey Dagoberto fue herido de muerte por un jabalí durante una cacería y que recobró la vida gracias a la oración de Arbogasto, y que en agradecimiento el rey lo hizo obispo de Estrasburgo; otras versiones sitúan el episodio cuando ya era obispo. Lo que parece seguro es que gobernó la diócesis con humildad, impulsó la construcción de iglesias y dejó un recuerdo duradero.
La tradición añade que pidió ser enterrado en la colina donde se sepultaba a los ajusticiados, como gesto de humildad, y que allí se levantó después una iglesia sobre su tumba. Es uno de los patronos de la diócesis de Estrasburgo y es especialmente venerado en Alsacia, donde varias iglesias llevan su nombre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.