El 1 de noviembre la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos, en la que honra no solo a los santos canonizados, sino a todos los que ya gozan de Dios, conocidos o desconocidos. La fiesta tiene raíces antiguas: en Oriente se recordaba a todos los mártires en una misma celebración, y en Roma el papa Bonifacio IV dedicó a la Virgen y a todos los mártires el antiguo Panteón a comienzos del siglo VII. En el siglo IX se extendió por Occidente la fecha del 1 de noviembre.
La solemnidad recuerda que la santidad no es privilegio de unos pocos personajes extraordinarios. Junto a los santos de los altares hay una multitud de personas cuya vida no fue llamativa ni pudo servir de modelo visible: niños que murieron pequeños, enfermos que no pudieron desplegar sus facultades, personas sencillas o marcadas por circunstancias muy difíciles. La tradición cristiana enseña que es la gracia de Dios la que santifica, y que su obra puede darse aun allí donde no hay obras admirables que contar. A ellos se refiere el Apocalipsis cuando habla de «una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar».
Al día siguiente, el 2 de noviembre, la Iglesia conmemora a todos los fieles difuntos, y en muchos países ambas fechas se viven juntas con visitas a los cementerios.
Oración
Oremos
Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Biografía: redacción de Misa de Hoy. Oración: Evangelizo.org.