
Marcelo fue obispo de París en el siglo V. Según la tradición, nació en esa ciudad en una familia de condición modesta. Su biografía fue escrita más de un siglo después por el poeta y obispo san Venancio Fortunato, que recogió sobre todo tradiciones populares y relatos de milagros, por lo que muchos detalles deben tomarse con cautela.
Según ese relato, desde joven se dedicó a la oración y al estudio de las Escrituras, y destacó por su seriedad y su progreso en el conocimiento de la fe. El obispo Prudencio de París lo ordenó lector y más tarde lo hizo su archidiácono. A la muerte de Prudencio, fue elegido unánimemente para sucederle. Las fuentes dicen que con su autoridad y su oración protegió a la población en tiempos de inestabilidad, cuando el poder romano se desmoronaba en la Galia. La más famosa de las leyendas que lo rodean cuenta que libró a la ciudad de un dragón o monstruo que aterrorizaba a sus habitantes, escena que aparece en el portal de Santa Ana de la catedral de Notre-Dame y que suele interpretarse como símbolo de la victoria sobre el mal.
Murió hacia el año 436 y fue sepultado en un cementerio de la orilla izquierda del Sena. En torno a su sepulcro surgió un barrio que tomó su nombre, el antiguo faubourg Saint-Marcel, cuyo recuerdo se conserva en el bulevar Saint-Marcel del distrito XIII de París. Es uno de los santos obispos más venerados de la ciudad, y el Martirologio Romano lo recuerda el 1 de noviembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.