
Crisanto y Daría son dos mártires romanos cuyo culto es muy antiguo y está bien documentado. Su sepulcro se encontraba en el cementerio de Trasón, en la vía Salaria Nueva, y el papa san Dámaso, en el siglo IV, compuso en su honor una inscripción, lo que prueba la veneración que ya recibían entonces. San Gregorio de Tours, en el siglo VI, menciona también su tumba como lugar de peregrinación.
El relato de su vida, en cambio, procede de una pasión tardía de carácter novelesco. Según ella, Crisanto era hijo de un senador llegado de Alejandría a Roma, que se hizo cristiano a escondidas de su padre. Para apartarlo de la fe, este lo casó con Daría, una sacerdotisa pagana, pero Crisanto la convirtió y ambos vivieron como hermanos, dedicados a difundir el Evangelio. Denunciados durante la persecución, a finales del siglo III, fueron condenados y enterrados vivos en un arenal de la vía Salaria. La pasión añade que, más tarde, un grupo de fieles que rezaba en su tumba fue también sepultado allí.
Aunque los detalles pertenecen a la leyenda, la memoria de estos mártires se conservó con gran devoción. Parte de sus reliquias fueron llevadas en el siglo IX a la abadía de Münstereifel, en Alemania, donde también se les venera. Su fiesta es el 25 de octubre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.