
La Iglesia recuerda el 19 de noviembre a un grupo de cuarenta mujeres, vírgenes y viudas, que murieron mártires en Heraclea de Tracia, en la actual Turquía europea, a comienzos del siglo IV. Su memoria aparece en calendarios muy antiguos, como el calendario gótico y el Martirologio Jeronimiano, y también en los libros litúrgicos griegos, lo que indica que su culto es muy temprano y que su existencia no se pone en duda.
El relato de su martirio, en cambio, tiene rasgos legendarios. Según la tradición, las mujeres habían sido instruidas en la fe por un diácono llamado Amón, que las acompañó en la prueba. Habrían sido arrestadas por un funcionario del emperador Licinio, que gobernaba el Oriente y volvió a perseguir a los cristianos años después del final de la gran persecución, y tras diversos tormentos habrían sido ejecutadas en distintos lugares de la región.
Algunos autores medievales las identificaron con las esposas de los cuarenta mártires de Sebaste, pero esa relación no está documentada. Más allá de los detalles, la Iglesia honra en ellas el testimonio de un numeroso grupo de mujeres cristianas que prefirieron la muerte antes que renegar de su fe.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.