
Valentina, Tea y Pablo murieron mártires en Cesarea de Palestina hacia el año 308, durante la última gran persecución del Imperio romano, en tiempos del emperador Maximino Daya. Conocemos su historia gracias a Eusebio de Cesarea, obispo e historiador que vivió aquellos años en la misma ciudad y que recogió los testimonios de los mártires de Palestina en una obra dedicada a ellos.
Según su relato, el gobernador Firmiliano persiguió con extrema dureza a los cristianos. Tea, una joven cristiana de Gaza, fue llevada ante el tribunal y amenazada con ser entregada a la prostitución si no renegaba de su fe. Mientras la torturaban, Valentina, una virgen de Cesarea, protestó a gritos desde la multitud contra la crueldad del juez. Fue detenida y llevada ante el altar de los dioses para obligarla a ofrecer sacrificio, pero lo derribó de una patada. Ambas fueron torturadas y finalmente quemadas vivas juntas.
El mismo día murió Pablo, un cristiano condenado a ser decapitado que, según Eusebio, pidió un momento para orar y rezó por la paz de la Iglesia, por la conversión de los paganos, por el pueblo presente, por el juez y por el emperador, y finalmente por sus propios verdugos, antes de recibir el golpe mortal. El Martirologio Romano recuerda a los tres juntos el 25 de julio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.