
Santa Sabina es venerada en Roma por la célebre basílica del monte Aventino que lleva su nombre, uno de los templos paleocristianos mejor conservados de la ciudad. Sin embargo, sobre su persona se sabe muy poco con seguridad, y algunos historiadores dudan incluso de que fuera una mártir.
Según una narración del siglo VI, sin valor histórico, Sabina era una viuda noble que se convirtió al cristianismo gracias a su criada Serapia, de origen sirio; Serapia habría muerto mártir en tiempos del emperador Adriano, y Sabina un mes después. La basílica, construida entre los años 422 y 432 por un sacerdote llamado Pedro de Iliria, se llamaba al principio título de Sabina, es decir, la iglesia ligada a la casa o a la donación de una mujer con ese nombre. Más tarde pasó a llamarse título de Santa Sabina. Es posible que la fundadora de la iglesia acabara siendo venerada como santa y que la leyenda se formara después, como ocurrió en otros casos. El Martirologio Romano actual no menciona a Serapia y se limita a recordar a Sabina en relación con su iglesia.
La basílica, con sus puertas de madera del siglo V, en las que aparece una de las representaciones más antiguas de la crucifixión, es desde el siglo XIII la sede del maestro general de los dominicos. Allí comienza tradicionalmente el papa la liturgia del Miércoles de Ceniza.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.