
Santa Anastasia fue una mártir de comienzos del siglo IV que murió en Sirmio, en la provincia de Panonia, cerca de la actual Sremska Mitrovica, en Serbia, durante la persecución de Diocleciano. Su culto se trasladó a Constantinopla en el siglo V, cuando sus reliquias fueron llevadas allí, y luego a Roma, donde una iglesia antigua junto al Palatino recibió su nombre.
Su historia fue embellecida por una Pasión legendaria posterior, según la cual era una noble romana, discípula de san Crisógono, casada con un pagano que le prohibió visitar a los cristianos presos. Viuda, habría recorrido las ciudades para socorrer a los confesores de la fe hasta ser arrestada y ejecutada en la hoguera. Estos detalles no pueden comprobarse, pero sí lo está la antigüedad de su veneración.
Su nombre figura en el Canon Romano de la misa. Durante siglos el papa celebraba la segunda misa de Navidad, la de la aurora, en la basílica de Santa Anastasia, y por eso se la conmemora el 25 de diciembre. Es venerada también en las Iglesias orientales con el título de «liberadora de las cadenas».
Biografía: redacción de Misa de Hoy.