
Sérvulo fue un pobre de Roma del siglo VI cuya historia conocemos por el papa san Gregorio Magno, que lo conoció personalmente y habló de él en una de sus homilías sobre los Evangelios. Paralítico desde la infancia, no podía ponerse en pie, ni sentarse, ni llevarse la mano a la boca. Su madre y su hermano lo llevaban cada día al pórtico de la iglesia de San Clemente, cerca del Coliseo, donde pedía limosna a los que pasaban.
Según Gregorio, Sérvulo compartía con otros pobres lo que recibía y, aunque no sabía leer, ahorró para comprar libros de la Sagrada Escritura, que pedía a los visitantes que le leyeran en voz alta; así llegó a conocer bien la Biblia. Pasaba el tiempo alabando a Dios y cantando himnos, y nunca se le oyó quejarse de su enfermedad, sino dar gracias en medio del dolor. Muchas personas acudían a él no solo para darle limosna sino también para encontrar consuelo.
Gregorio cuenta que, al sentir próxima la muerte, pidió a los pobres y peregrinos que se reunieran a su alrededor para cantar salmos, y que murió en paz hacia el año 590. Fue sepultado en la iglesia de San Clemente. El papa lo propone como ejemplo de paciencia y de fe, y el Martirologio Romano lo recuerda el 23 de diciembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.