
Rufo es un cristiano del siglo I al que san Pablo menciona en su carta a los Romanos, escrita hacia el año 57. En el último capítulo, entre los saludos que el apóstol envía a numerosos miembros de la comunidad de Roma, escribe: saludad a Rufo, el escogido del Señor, y a su madre, que también lo es mía (Romanos 16,13). Con esta expresión Pablo muestra el afecto que lo unía a esta familia, y la mención de la madre sugiere que ella lo había tratado con cariño maternal en algún momento de su vida.
Es todo lo que el Nuevo Testamento dice con seguridad sobre él. Desde la Antigüedad, muchos autores lo han identificado con el Rufo que aparece en el evangelio de Marcos, donde se dice que Simón de Cirene, el hombre obligado a cargar con la cruz de Jesús, era padre de Alejandro y de Rufo (Marcos 15,21). Como el evangelio de Marcos se relaciona tradicionalmente con la comunidad de Roma, y el evangelista menciona a esos hijos como personas conocidas por sus lectores, la identificación resulta atractiva, aunque no puede demostrarse: Rufo era un nombre bastante común.
Algunas tradiciones posteriores lo hicieron obispo en distintos lugares, pero carecen de fundamento. La Iglesia lo recuerda como uno de los miembros de la primera comunidad cristiana de Roma, testigos de la expansión del Evangelio en la capital del Imperio. Su memoria figura en el Martirologio Romano el 21 de noviembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.