La fiesta de San Pedro ad Vincula, que significa «San Pedro encadenado», recuerda las cadenas del apóstol san Pedro que, según la tradición, se veneran en la basílica romana de San Pietro in Vincoli, en el monte Esquilino. Su origen está en la dedicación de esa basílica, reconstruida en el siglo V con el apoyo de la emperatriz Eudoxia y consagrada por el papa Sixto III, y su celebración el 1 de agosto se extendió por la Iglesia latina durante la Edad Media.
La fiesta une dos recuerdos. Por una parte, la prisión de Pedro en Jerusalén, narrada en el capítulo 12 de los Hechos de los Apóstoles: el rey Herodes Agripa I, después de hacer matar a Santiago, mandó encarcelar a Pedro, custodiado por soldados y atado con dos cadenas, pero un ángel lo liberó durante la noche mientras la comunidad cristiana oraba por él. Por otra, la tradición de su encarcelamiento en Roma antes de su martirio. Una leyenda posterior cuenta que las cadenas de Jerusalén y las de Roma, al ser acercadas, se unieron milagrosamente; así se explican las que hoy se conservan en un relicario bajo el altar mayor.
La fiesta dejó de figurar en el calendario general de la Iglesia en 1960, pero se mantiene en la basílica, que es además célebre por albergar el Moisés de Miguel Ángel, parte del sepulcro del papa Julio II. Es una ocasión para recordar la liberación de Pedro y la oración de la Iglesia por sus pastores.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.