San Pablo fue obispo de Augusta Tricastina, una antigua ciudad de la Galia, en el valle del Ródano, en el sureste de la actual Francia. Su figura dejó tal huella que la población acabó tomando su nombre: hoy se llama Saint-Paul-Trois-Châteaux. La sede episcopal existió desde el siglo IV hasta el IX, cuando fue unida a la de Orange, y de los pocos obispos que se le atribuyen, Pablo es el único cuya existencia se considera segura.
Probablemente es el obispo Pablo que firmó las actas del concilio de Valence del año 374, lo que lo sitúa en la segunda mitad del siglo IV, la época en que se organizaban las primeras diócesis de la Galia. Su nombre figura en martirologios antiguos. Lo demás procede de leyendas posteriores, según las cuales era de origen romano, estaba casado cuando fue elegido obispo y su elección se decidió por un prodigio: un bastón seco que floreció ante el pueblo.
Sus reliquias, junto con el bastón de la leyenda, se veneraron durante siglos en la ciudad hasta que fueron destruidas en el siglo XVI, durante los conflictos de esa época. Por mucho tiempo, en sus fiestas se ofrecían flores y frutos junto a una vara seca, en recuerdo de aquel relato. Su memoria se celebra el 1 de febrero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.