Luciano es venerado como el primer evangelizador y mártir de Beauvais, ciudad del norte de Francia, en la antigua Galia Bélgica. Según la tradición, era un misionero procedente de Roma que llegó a la Galia en el siglo III, quizá en el mismo grupo que san Dionisio de París o que san Quintín, y predicó en la región del Beauvaisis. Murió mártir hacia el final de ese siglo, junto con dos compañeros, Maximiano y Juliano, que según el relato fueron ejecutados poco antes que él.
Las narraciones de su vida y de su martirio son tardías y contienen muchos elementos legendarios. Entre ellos figura el episodio, muy común en las leyendas de mártires de la Galia, según el cual, tras ser decapitado, Luciano se levantó y caminó llevando su propia cabeza hasta el lugar donde quería ser sepultado. Lo que sí está bien atestiguado es la antigüedad de su culto: en el siglo VII se descubrieron sus restos y los de sus compañeros, según cuenta san Ouen en su vida de san Eloy, y se colocaron en relicarios.
Sobre su sepulcro surgió una importante abadía benedictina, la de San Luciano, que fue durante siglos uno de los grandes monasterios de la región, hasta su destrucción tras la Revolución Francesa. Luciano es patrono de Beauvais y de su diócesis, y el Martirologio Romano lo recuerda el 8 de enero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.