
Justino Orona Madrigal nació en 1877 en Atoyac, Jalisco, en una familia muy pobre. Tras vencer la oposición de los suyos, ingresó en el Seminario de Guadalajara y fue ordenado sacerdote en 1904. Desde 1916 fue párroco de Cuquío, una población de los Altos de Jalisco, donde trabajó con empeño a pesar de la indiferencia y la hostilidad que encontró al principio. Atilano Cruz Alvarado, nacido en 1901 en la región de Teocaltiche, Jalisco, en una familia campesina, fue ordenado sacerdote en 1927, en plena persecución, y enviado como vicario a Cuquío para ayudar al padre Justino.
Desde 1926 la aplicación estricta de las leyes contra el culto llevó a la suspensión de las celebraciones públicas en México y desembocó en la guerra cristera. Los sacerdotes que permanecían con sus fieles lo hacían en la clandestinidad, perseguidos por el ejército. Justino y Atilano atendían a los católicos de la región ocultándose en ranchos y casas particulares.
En la madrugada del 1 de julio de 1928 fueron descubiertos en el rancho de Las Cruces, cerca de Cuquío. Según los testimonios, el padre Justino salió al encuentro de los soldados con un saludo de fe en Cristo Rey y fue abatido a tiros; el padre Atilano fue asesinado poco después. Juan Pablo II los canonizó en el año 2000 entre los mártires de la persecución mexicana. Se les venera en Cuquío y en la arquidiócesis de Guadalajara.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.