
San Herculano fue obispo de Perugia, en la región italiana de Umbría, a mediados del siglo VI, en tiempos de la larga guerra entre el Imperio bizantino y los ostrogodos por el control de Italia. Perugia resistió durante años el asedio de las tropas del rey godo Totila, y Herculano, como pastor de la ciudad, compartió con su pueblo las penurias de aquella situación.
Cuando la ciudad cayó en manos de los godos, hacia el año 549, Totila mandó dar muerte al obispo. Según el relato que recoge san Gregorio Magno en sus Diálogos, fue decapitado y su cuerpo arrojado fuera de las murallas; los cristianos lo enterraron, y cuando cuarenta días después lo trasladaron a una iglesia, según la tradición, encontraron la cabeza unida al cuerpo como si nunca hubiera sido cortada. Se sabe también que ordenó sacerdote a san Florencio, que más tarde fue obispo de Città di Castello.
La tradición local de Perugia veneraba además a otro Herculano, un obispo más antiguo enviado desde Roma, pero los estudiosos consideran hoy que probablemente se trata de una misma figura. San Herculano es, junto con san Lorenzo, patrono de Perugia, y la ciudad le dedica una iglesia junto a las antiguas murallas. Su fiesta se celebra el 7 de noviembre, y en Perugia se le recuerda también el 1 de marzo.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.