Esteban fue un abad que vivió en el siglo VI cerca de Rieti, en la región de la Sabina, al norte de Roma. Lo conocemos gracias a san Gregorio Magno, que habla de él en sus Diálogos y en una de sus homilías sobre los Evangelios, a partir del testimonio de personas que lo habían conocido. Algunos martirologios hispánicos lo confundieron con un abad de Rates, en Portugal, por la semejanza de los adjetivos latinos que designan a ambos lugares, pero el contexto del relato de Gregorio indica que se trata del santo de Rieti.
Gregorio lo presenta como un hombre pobre, sencillo y de una paciencia extraordinaria, que no se dejaba alterar por las ofensas. Cuenta, entre otros ejemplos, que cuando alguien incendió por maldad la cosecha que había reunido con su trabajo, su reacción fue lamentarse por el autor del daño y no por la pérdida sufrida. Para el papa, esa mansedumbre era el mejor signo de su santidad.
Según el mismo Gregorio, a la hora de su muerte, rodeado de sus monjes, algunos de los presentes tuvieron la experiencia de ver llegar a los ángeles que venían a recibirlo. Murió hacia el año 590. El Martirologio Romano lo recuerda el 13 de febrero como modelo de paciencia.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.