
San Alberico fue uno de los fundadores de la abadía de Císter, en Borgoña, origen de la orden cisterciense, y su segundo abad. Vivió en la segunda mitad del siglo XI. Antes había sido monje en Molesme, un monasterio benedictino fundado por san Roberto, donde llegó a ser prior. Allí formó parte de un grupo de monjes que deseaba vivir la Regla de san Benito con mayor fidelidad, en pobreza, silencio y trabajo manual, frente a la riqueza y las costumbres que se habían ido introduciendo en muchos monasterios.
En 1098, Roberto, Alberico, Esteban Harding y otros compañeros dejaron Molesme y se establecieron en un lugar apartado y pantanoso llamado Cîteaux, en latín Cistercium, cerca de Dijon, donde fundaron el «Nuevo Monasterio». Cuando al año siguiente Roberto tuvo que regresar a Molesme por orden del papa, Alberico fue elegido abad.
Gobernó la comunidad en años muy difíciles, de pobreza y pocas vocaciones, pero logró consolidarla. Obtuvo del papa Pascual II la protección de la Santa Sede para el nuevo monasterio y fijó las primeras normas de su vida. Según la tradición, se debe a él la adopción del hábito blanco que distingue a los cistercienses. Murió el 26 de enero de 1109 y le sucedió san Esteban Harding. La orden cisterciense lo celebra junto con san Roberto y san Esteban como sus fundadores.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.