Pedro, de la familia florentina de los Aldobrandini, fue monje de Vallombrosa, la congregación fundada por san Juan Gualberto en el siglo XI dentro del movimiento de reforma de la Iglesia. Aquellos monjes combatían con energía la simonía, es decir, la compra de cargos eclesiásticos, uno de los grandes males de la época.
En 1068 la ciudad de Florencia vivía un grave conflicto porque muchos fieles acusaban de simonía a su obispo. Para zanjar la cuestión se recurrió a una prueba del fuego, práctica medieval considerada entonces un juicio de Dios. Según los testimonios de la época, entre ellos una carta del clero y el pueblo florentino al papa Alejandro II, el monje Pedro atravesó una hoguera en el monasterio de Settimo y salió ileso. De ahí le vino el sobrenombre de «Igneo». El obispo acusado terminó siendo apartado de la sede.
Más tarde Pedro fue nombrado cardenal obispo de Albano y sirvió como legado de los papas, sobre todo de Gregorio VII, en la defensa de la disciplina eclesiástica. Murió en 1089 y su culto se mantuvo vivo en Vallombrosa y en Florencia.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.