
Matías Araki encabeza un grupo de ocho cristianos japoneses martirizados en Nagasaki el 12 de julio de 1626, en uno de los periodos más duros de la persecución decretada por el shogunato Tokugawa. Desde 1614 el cristianismo estaba prohibido en Japón, los misioneros habían sido expulsados y quienes los escondían se arriesgaban a la tortura y la muerte. Aun así, muchas familias siguieron acogiendo en secreto a sacerdotes y catequistas.
Matías pertenecía a una familia cristiana de la península de Arima. Con su hermano Mancio dio alojamiento al jesuita Francisco Pacheco, superior de la Compañía en Japón, y por ello fue arrestado tras una denuncia. Con él murieron otros tres matrimonios que habían hecho lo mismo: Pedro Arakiyori Chobyoe y su esposa Susana, que habían escondido a un hermano jesuita; Juan Tanaka, catequista, y su esposa Catalina, en cuya casa se encontró a otros dos jesuitas; y Juan Nagai Naisen y su esposa Mónica, con su hijo Luis, de unos siete años. Juan Nagai llegó a ceder un tiempo ante las amenazas, pero se arrepintió y volvió a presentarse ante las autoridades para confesar su fe.
Todos sufrieron largos meses de prisión y torturas sin renegar de su fe. En la colina de los mártires de Nagasaki, los hombres fueron quemados vivos, mientras que las mujeres y el niño fueron decapitados. Pío IX los beatificó el 7 de julio de 1867 dentro del gran grupo de doscientos cinco mártires de Japón. Su memoria se celebra el 12 de julio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.