
El beato Mancio Araki fue un cristiano japonés que murió en la cárcel durante la persecución contra la fe en Japón a comienzos del siglo XVII. Pertenecía a una familia acomodada y ya cristiana, y vivía con su hermano Matías en el territorio de Arima, en la isla de Kyushu, una región donde el cristianismo había arraigado con fuerza.
Los dos hermanos ofrecieron su casa como refugio a los misioneros, prohibidos por las autoridades. Cuando en 1625 el señor de Arima decidió aplicar con dureza los decretos contra los cristianos, algunos delatores revelaron que en casa de los Araki se ocultaba el jesuita Francisco Pacheco, superior de la Compañía en Japón. El sacerdote y quienes lo acogían fueron detenidos y llevados a la prisión de Shimabara. Mancio, que estaba enfermo de tuberculosis, no sobrevivió a las duras condiciones del encierro y murió en la cárcel en 1626.
Fue beatificado por Pío IX en 1867, junto con otros doscientos cinco mártires de Japón. Su caso recuerda el papel decisivo de los laicos que, arriesgando la vida, sostuvieron a la Iglesia japonesa en la clandestinidad.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.