Fray Carlos de Dios Murias .
Nació en Córdoba el 10 de octubre de 1945. El 5 de marzo de 1966 ingresó a la Orden de los Frailes Menores Conventuales en el convento San José de Montevideo, Uruguay; emitió su profesión temporal en enero de 1968 y su profesión solemne en diciembre de 1971.
De 1972 a 1974, el padre Murias colaboró en varias zonas del conurbano bonaerense, incluyendo varias misiones a la provincia de La Rioja, donde se asentó finalmente en febrero de 1976, colaborando con el padre Longueville en la parroquia de Chamical. Junto con su párroco, fue secuestrado y asesinado en julio de 1976.
Su madre era maestra en el pueblo de Villa Giardino y su padre, un rico agente de bienes raíces y político radical muy conocido en la zona, proyectó para su hijo una carrera militar con la cual él no estaba de acuerdo. Así, Carlos cursó la escuela superior en el Liceo Militar General Paz de Córdoba.2 En esa época conoció al obispo Enrique Angelelli en el hogar sacerdotal ubicado en La Cañada.Tras la secundaria, Carlos quiso estudiar veterinaria pero esa carrera no existía en Córdoba.2 Comenzó a cursar la carrera en ingeniería civil, pero al poco tiempo la abandonó y eligió ayudar en el campo a su padre. Al distanciarse de él regresó a la ciudad y comenzó a trabajar en el Registro de la Propiedad. Carlos manifestaba ya su preocupación por el egoísmo de la burguesía y su estima por Angelelli, primer asesor de la Juventud Obrera Cristiana (JOC).2
Se vinculó crecientemente con la Orden de Frailes Menores Conventuales: ingresó en 1965 e hizo el noviciado y la profesión simple en 1966. El 17 de diciembre de 1972 fue ordenado sacerdote en Buenos Aires por el obispo Enrique Angelelli.3 Murias solicitó expresamente ser ordenado por el obispo de la diócesis de La Rioja a quien conocía desde la adolescencia, conocido por su opción preferencial por los pobres y por su cuidado pastoral de los campesinos.
Murias comenzó su vida como fraile en el Seminario menor ubicado en las afueras de Moreno (Buenos Aires), y continuó luego en los barrios más pobres de una parroquia franciscana en José León Suárez (Buenos Aires), pero terminó por solicitar a sus superiores la autorización para trasladarse a la diócesis de La Rioja a fin de colaborar con Angelelli. En 1975, consiguió dicha autorización del Custodio provincial, fray Jorge Morosinotto.3
La situación en la provincia de La Rioja se caracterizaba por las fuertes diferencias sociales: por una parte, unas pocas familias ricas y poderosas, poseedoras de grandes extensiones de tierra y dueñas de yacimientos mineros; por otra, la gran mayoría de la población pobre, con alto porcentaje de peones o minifundistas que trabajaban parcelas de tierra pequeñas con implementos muy rudimentarios, que vivían del pastoreo de ganado ovino o caprino, o que eran empleados estatales, provinciales, o municipales. Murias y el presbítero francés Gabriel Longueville fueron designados por Angelelli como vicario y párroco respectivamente de Chamical, por entonces un pequeño pueblo conformado fundamentalmente por agricultores.
Luego de iniciada la dictadura militar de 1976, Murias comenzó a recibir avisos y citaciones en los cuarteles, donde los soldados explicaban que «La tuya no es la Iglesia en la que creemos».
en su casa de Sañogasta.
Oración
“Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Él y por Él manifestaste bienaventurados a los que tienen hambre y sed de justicia y a los perseguidos y ultrajados por causa suya, te imploramos que La Rioja recoja y siga haciendo fecunda la siembra evangélica de nuestros testigos Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera; que sus vidas y muertes, como testigos de la fe en Jesús, afiancen por tu Espíritu la esperanza en el corazón de tu pueblo riojano. Para que, peregrinando hacia el Tinkunaco final, siga construyendo la paz en la justicia y el amor. Amén”.
Fuente de la biografía: Evangelizo.org.