
Bartolomé Fernandes nació en Lisboa en 1514 y tomó el sobrenombre «de los Mártires» de la iglesia lisboeta de Nuestra Señora de los Mártires, donde fue bautizado. Ingresó joven en la Orden de Predicadores, se formó en filosofía y teología y fue durante años profesor en conventos dominicos de Portugal, además de preceptor de un sobrino del rey.
En 1559 fue nombrado arzobispo de Braga, cargo que aceptó por obediencia. Participó activamente en las últimas sesiones del Concilio de Trento, donde defendió con firmeza la reforma del clero y de los obispos y la obligación de residir en las diócesis. De regreso a Braga, aplicó los decretos conciliares con energía: visitó incansablemente su extensa diócesis, incluso en las zonas montañosas más pobres, fundó un seminario, atendió a los necesitados en tiempos de peste y hambre y escribió obras pastorales, entre ellas un catecismo y un manual para obispos, el Stimulus pastorum, muy difundido en su tiempo.
En 1582 renunció al arzobispado y se retiró al convento dominico de Santa Cruz, en Viana do Castelo, donde vivió como un fraile más hasta su muerte, el 16 de julio de 1590. Juan Pablo II lo beatificó en 2001, y el papa Francisco lo inscribió en el catálogo de los santos en 2019 mediante canonización equipolente. Sus restos se veneran en Viana do Castelo, y en Portugal se le recuerda como modelo de obispo reformador.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.