
Teresa Manganiello nació en 1849 en Montefusco, un pueblo de la provincia de Avellino, en el sur de Italia, en una familia campesina numerosa. Nunca fue a la escuela y no aprendió a leer ni a escribir, pero su sabiduría espiritual era tan notable que se la llegó a llamar «la analfabeta sabia de Montefusco».
A los veintiún años ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, y al año siguiente profesó con el nombre de María Luisa. Bajo la dirección espiritual del capuchino Ludovico Acernese llevó una vida de oración, penitencia y servicio a los demás. Ayudaba a los pobres con pan y ropa, preparaba remedios con hierbas que ella misma cultivaba para atender a los enfermos del pueblo y acogía a quien llamaba a su puerta. Su devoción se centraba en Cristo crucificado y en la reparación por los pecados del mundo. Junto con su director espiritual concibió la idea de una nueva comunidad religiosa, proyecto que no todos comprendieron y que le causó incomprensiones.
Murió muy joven, el 4 de noviembre de 1876, con apenas veintisiete años. Poco después de su muerte nació la congregación de las Hermanas Franciscanas Inmaculatinas, que la consideran su inspiradora. Fue beatificada en Benevento el 22 de noviembre de 2010, durante el pontificado de Benedicto XVI.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.