
Magdalena Fontaine fue superiora de la comunidad de Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Arras, en el norte de Francia, dedicada a atender a pobres y enfermos. Junto a ella vivían, entre otras, sor Francisca Lanel, sor Teresa Fantou y sor Juana Gérard, con quienes compartió el martirio y con quienes es recordada.
Durante la Revolución Francesa las autoridades exigieron a religiosos y religiosas un juramento de fidelidad al nuevo orden que muchos consideraban incompatible con su fe y con su obediencia a la Iglesia. Las cuatro hermanas se negaron a prestarlo y quedaron registradas como sospechosas. En febrero de 1794 fueron detenidas, y con el pretexto de documentos comprometedores introducidos en su casa las acusaron de actividades contrarrevolucionarias. El comisario Joseph Le Bon, antiguo sacerdote y uno de los responsables del Terror en la región, las hizo trasladar a Cambrai para ser juzgadas.
Llegaron el 26 de junio de 1794 y ese mismo día fueron condenadas y guillotinadas. Según los testigos, caminaron al cadalso rezando y cantando el avemaría, y los guardias les pusieron rosarios en la cabeza a modo de burla. La madre Magdalena, que tenía más de setenta años, fue la última en morir, y la tradición recoge que anunció a la multitud que la persecución estaba a punto de terminar; pocas semanas después cayó el gobierno del Terror. Las cuatro fueron beatificadas por Benedicto XV en 1920, y se las recuerda el 26 de junio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.