
Lucía nació hacia 1360 en Caltagirone, en el interior de Sicilia, en una familia cristiana devota de san Nicolás de Bari. La tradición cuenta que, siendo niña, sobrevivió a la caída de un rayo y atribuyó su salvación a la intercesión de ese santo, episodio que marcó su piedad.
Siendo todavía adolescente dejó su tierra para seguir a una terciaria franciscana de Salerno, en el sur de Italia, que se convirtió en su guía espiritual. Al morir esta, Lucía ingresó en una comunidad de religiosas de la Tercera Orden Regular de San Francisco en la misma ciudad. Allí llevó una vida de oración y penitencia muy austera, centrada en la contemplación de la Pasión de Cristo, y durante un tiempo fue maestra de novicias. Su fama de santidad se extendió por Salerno, y muchas personas, de toda condición social, acudían a ella en busca de consejo y consuelo.
Murió en Salerno hacia el año 1400, con unos cuarenta años de edad. Tras su muerte creció la devoción popular y se le atribuyeron numerosos favores. Su culto fue reconocido por la Santa Sede en el siglo XVI. Es venerada en Salerno y en su Caltagirone natal, que la cuenta entre sus figuras religiosas más queridas, así como en la familia franciscana.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.