Día 4 de 9

Cuarto día — Buscar su rostro

  1. Oración de todos los días

    Santo Rostro de Jesús,
    maltratado y escupido:

    que yo aprenda a mirar.
    A mirarte a ti
    y a mirar a los que nadie mira.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 26,9-11

    9 Escucha, oh Señor, mis voces, con que te he invocado: ten misericordia de mí y óyeme. 10 Contigo ha hablado mi corazón: en busca de ti han andado mis ojos. Oh Señor, tu cara es la que yo busco. 11 No apartes de mí tu rostro: no te retires enojado de tu siervo. Sé tú en mi ayuda: no me desampares, ni me desprecies, oh Dios, salvador mío.
  3. Meditación del día 4

    Los salmos repiten «busco tu rostro». Es la manera antigua de decir que se quiere estar delante de Dios.

    El salmista dice: mi corazón te habla, mis ojos te buscan; tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro, no me rechaces. En el Antiguo Testamento, buscar el rostro de Dios significaba ir al templo, estar delante de él, como quien se presenta ante alguien querido.

    La devoción al Santo Rostro tiene una historia larga. En el siglo XIX una carmelita de Tours, sor María de San Pedro, la difundió como reparación por las blasfemias, y Teresa de Lisieux tomó en religión el nombre de Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. En España se veneran el Santo Rostro de Jaén y la Santa Faz de Alicante.

    Buscar el rostro de Dios no es hacer cosas para él, sino estar. Nos cuesta mucho, porque sentimos que si no producimos algo, perdemos el tiempo. Hoy prueba a sentarte cinco minutos delante de una imagen del rostro de Jesús, o simplemente en silencio, sin pedir ni decir nada. Solo mirar y dejarte mirar.

  4. Petición

    Enséñame a estar delante de ti sin hacer nada.
    Amén.

  5. Oración final

    Oh Jesús,
    que dijiste «busca mi rostro»:
    no me escondas tu cara,
    y enséñame a reconocerla
    en los que sufren.

    Santo Rostro de Jesús, ten misericordia de nosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.