Salmos 26
1 Salmo de David antes de ser ungido.
2 El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién he de temer yo? El Señor es el defensor de mi vida: ¿quién me hará temblar?
3 Mientras que están para echarse sobre mí los malhechores, a fin de devorar mis carnes; esos enemigos míos que me atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caído.
4 Aunque se acampen ejércitos contra mí, no temblará mi corazón. Aunque me embistan en batalla, entonces mismo mantendré yo firme mi esperanza.
5 Una sola cosa he pedido al Señor, ésta so-
6 licitaré; y es que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida; para contemplar las delicias del Señor, frecuentando su templo.
7 Él es quien me tuvo escondido en su Tabernáculo: en los días aciagos me puso a cubierto en lo más recóndito de su pabellón.
8 Ensalzóme sobre una roca: y ahora me ha hecho prevalecer contra mis enemigos. Por tanto, estaré alrededor de su Tabernáculo, inmolando sacrificios de júbilo o acción de gracias; cantando y entonando himnos al Señor.
9 Escucha, oh Señor, mis voces, con que te he invocado: ten misericordia de mí y óyeme.
10 Contigo ha hablado mi corazón: en busca de ti han andado mis ojos. Oh Señor, tu cara es la que yo busco.
11 No apartes de mí tu rostro: no te retires enojado de tu siervo. Sé tú en mi ayuda: no me desampares, ni me desprecies, oh Dios, salvador mío.
12 Porque mi padre y mi madre me desampararon; pero el Señor me ha tomado por su cuenta.
13 Arregla, Señor, mis pasos en tu camino, y dirígeme por la recta senda, a causa de mis enemigos.
14 No me abandones a los deseos de mis perseguidores; porque han conspirado contra mí testigos inicuos; mas la iniquidad ha mentido o dañado a sí misma.
15 Yo espero que veré algún día los bienes del Señor en la tierra de los vivientes.
16 Aguarda al Señor, y pórtate varonilmente; cobre aliento tu corazón, y espera con paciencia al Señor.