Con este nombre se recuerda a un numeroso grupo de cristianos de Alejandría, en Egipto, que en el siglo III murieron por atender a los enfermos durante una gran epidemia. A mediados de ese siglo, en tiempos del emperador Galieno, una peste devastadora recorrió el Imperio romano, y Alejandría fue una de las ciudades más castigadas, golpeada además por el hambre y por violentos disturbios.
El obispo de la ciudad, san Dionisio de Alejandría, describió lo ocurrido en una carta que el historiador Eusebio de Cesarea conservó en su Historia eclesiástica. Según su testimonio, mientras muchos huían y abandonaban incluso a sus familiares enfermos, numerosos presbíteros, diáconos y laicos cristianos se quedaron para cuidarlos, sin distinguir entre creyentes y paganos, les llevaron alimento, los consolaron y enterraron a los muertos. Muchos de ellos se contagiaron y murieron. Dionisio afirma que esa forma de morir, fruto de una caridad llevada hasta el extremo, no se diferenciaba en nada del martirio.
Por eso la piedad de los fieles los honró como mártires, aunque no murieron a manos de perseguidores. No se conservan sus nombres. Su memoria recuerda que el servicio a los enfermos y a los más débiles en tiempos de epidemia ha sido desde los primeros siglos una de las señas de identidad de las comunidades cristianas.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.