
Augusto Chapdelaine fue un sacerdote misionero francés martirizado en China. Nació en 1814 en una familia campesina de Normandía, cerca de Coutances, y trabajó durante años en la pequeña granja familiar antes de poder estudiar para el sacerdocio. Ordenado en la diócesis de Coutances, ejerció como vicario y párroco hasta que, a los treinta y siete años, ingresó en la Sociedad de Misiones Extranjeras de París para dedicarse a la evangelización de Asia.
Partió hacia China en 1852 y, tras un viaje largo y lleno de dificultades, llegó a la provincia de Guangxi, en el sur del país, donde el cristianismo estaba prohibido y los misioneros debían moverse en la clandestinidad. A pesar de su conocimiento limitado del idioma, formó una pequeña comunidad de convertidos. Denunciado una primera vez, fue liberado por el mandarín local, pero en 1856 un nuevo magistrado ordenó su arresto junto con varios cristianos chinos.
Fue sometido a golpes y torturas durante los interrogatorios y, al no poder pagarse el rescate que se le insinuó, fue condenado a morir encerrado en una jaula estrecha; murió en Xilin a finales de febrero de 1856 y su cuerpo fue decapitado. Con él dieron la vida algunos de sus fieles. Su muerte tuvo repercusión internacional, pues Francia la invocó como motivo para intervenir en la Segunda Guerra del Opio. Juan Pablo II lo canonizó el 1 de octubre de 2000 entre los 120 mártires de China.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.