
San Adelpreto fue obispo de Trento, en el norte de Italia, en el siglo XII. Fue elegido obispo hacia 1156. Su diócesis, situada en la ruta que unía Alemania con Italia a través de los Alpes, tenía una gran importancia estratégica, y su obispo era también príncipe con autoridad temporal sobre el territorio.
Gobernó en los años del enfrentamiento entre el emperador Federico Barbarroja y el papado, así como con las ciudades del norte de Italia. Las fuentes muestran que en 1158 escoltó a través de los valles de su diócesis a los legados del papa Adriano IV que se dirigían a Alemania para tratar con el emperador. Durante su episcopado defendió los derechos y bienes de la Iglesia de Trento frente a los señores feudales de la región, que buscaban ampliar su poder a costa del obispado, y se le recuerda como protector de los pobres.
Esa defensa le costó la vida: murió de forma violenta cerca de Arco, en la zona de Rovereto, en la década de 1170, a manos de miembros de la familia noble de Castelbarco, con la que estaba enfrentado. Fue venerado en Trento como mártir y defensor de la libertad de la Iglesia, y durante siglos compartió con san Vigilio, patrono de la ciudad, el altar mayor de la catedral. En el siglo XVIII su culto fue objeto de debate entre los historiadores, pero sigue presente en la memoria de la diócesis.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.