
San Eustaquio es un mártir muy antiguo venerado en Roma, donde una iglesia del centro histórico, junto al Panteón, lleva su nombre desde la Alta Edad Media. Es patrono de los cazadores y uno de los santos más populares del Medievo, aunque de su vida real no se conoce nada cierto, y la Iglesia retiró su fiesta del calendario universal en 1969, conservando su memoria en el Martirologio.
Su historia se conoce a través de una leyenda griega muy difundida. Según ella, se llamaba Plácido y era un general romano pagano. Un día, mientras cazaba, vio un ciervo que llevaba entre las astas una cruz luminosa y oyó la voz de Cristo, lo que le llevó a convertirse y bautizarse con su esposa, Teopista, y sus dos hijos, Agapito y Teopisto, tomando él el nombre de Eustaquio. A partir de entonces, como un nuevo Job, perdió sus bienes y quedó separado de su familia, hasta que años después, devuelto al mando del ejército, volvió a encontrarlos. Al regresar victorioso a Roma se negó a ofrecer sacrificio a los dioses, y toda la familia fue condenada a morir encerrada en un toro de bronce al rojo vivo.
El relato del ciervo crucífero pasó más tarde a la leyenda de san Huberto. La devoción a san Eustaquio se extendió por Oriente y Occidente; en París, la gran iglesia de Saint-Eustache lleva su nombre. Se le invoca en las dificultades familiares y es uno de los catorce santos auxiliadores. Su memoria se recuerda el 20 de septiembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.