
Santa Vivina, también llamada Wivina, fue la fundadora y primera abadesa del monasterio benedictino de Grand-Bigard (Groot-Bijgaarden), cerca de Bruselas, en el siglo XII. Era de origen flamenco y de familia acomodada, y recibió una buena educación. Desde muy joven se sintió llamada a la vida consagrada, aunque sus padres esperaban casarla y no le faltaban pretendientes.
Según la tradición, hacia los veintitrés años dejó en secreto la casa paterna y se retiró con una compañera a vivir como ermitaña en un bosque de las afueras de Bruselas, en una choza levantada con ramas. La fama de su vida austera atrajo a muchos curiosos y también a otras mujeres que querían imitarla. El conde Godofredo de Brabante le cedió tierras y recursos para fundar allí un monasterio, que quedó bajo la tutela espiritual de la abadía benedictina de Afflighem, uno de los grandes centros monásticos de la región.
Como abadesa tuvo que afrontar críticas de algunas de sus monjas, que juzgaban excesivas sus penitencias, pero la comunidad creció y se consolidó. Murió hacia 1170, y su sepulcro se convirtió en lugar de peregrinación. Siglos más tarde, sus reliquias fueron trasladadas a Bruselas, a la iglesia de Nuestra Señora del Sablon, donde se veneran. Su memoria se celebra el 17 de diciembre. Los relatos sobre su vida tienen rasgos comunes a otras santas monjas medievales, pero su papel como fundadora de Grand-Bigard está bien atestiguado.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.