San Teófilo fue un monje del siglo VIII que sufrió persecución por defender la veneración de las imágenes sagradas durante la crisis iconoclasta del Imperio bizantino. Las noticias sobre él proceden sobre todo de los sinaxarios de la Iglesia oriental, y algunos detalles no son seguros.
Según la tradición, era originario de la región de Tiberíades, en Galilea, y siendo muy joven dejó su casa para ingresar en un monasterio, donde se formó bajo la guía de un monje anciano. Más tarde habría fundado una comunidad monástica. En aquella época, el emperador León III el Isáurico prohibió el culto a los iconos, que consideraba una forma de idolatría, y comenzó a perseguir a quienes los defendían, entre los que se encontraban muchos monjes. Teófilo se opuso abiertamente a esa política.
Fue detenido, torturado y enviado al exilio. Los relatos cuentan que defendió las imágenes con argumentos bíblicos, recordando, por ejemplo, la serpiente de bronce que Moisés mandó hacer o los querubines del Arca de la Alianza, y que llegó a convencer a uno de los oficiales encargados de su custodia. La Iglesia, que en el II Concilio de Nicea del año 787 confirmó la legitimidad de la veneración de las imágenes, lo recuerda como confesor de la fe el 2 de octubre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.