
Luis Yakichi fue un cristiano japonés de Nagasaki que vivió en los años más duros de la persecución contra los católicos en Japón, a comienzos del siglo XVII. Desde los edictos de expulsión de los misioneros, ayudar a un sacerdote se castigaba con la muerte, y aun así muchos fieles laicos siguieron protegiendo a los religiosos que permanecían ocultos o presos.
Luis tenía una barca y la puso al servicio de un intento de fuga: el del dominico Luis Flores, encarcelado por las autoridades. La huida fue descubierta, el religioso volvió a prisión y Luis fue detenido y torturado para que revelara quiénes habían organizado el plan. No delató a nadie. Las autoridades arrestaron entonces a su familia: su esposa Lucía y sus hijos Andrés, de unos ocho años, y Francisco, de unos cuatro.
El 2 de octubre de 1622, en la colina de los mártires de Nagasaki, Lucía y los dos niños fueron decapitados delante de Luis, que después murió quemado vivo. Ninguno quiso renegar de la fe. La familia forma parte del amplio grupo de mártires de Japón beatificados por Pío IX en 1867, y su memoria se recuerda como ejemplo de una fe vivida en el hogar y sostenida hasta el final por padres e hijos juntos.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.