
San Sulpicio, llamado el Piadoso, fue obispo de Bourges, en el centro de Francia, en la primera mitad del siglo VII. Se le conoce también como Sulpicio II para distinguirlo de un predecesor del mismo nombre. Su vida, escrita poco después de su muerte, cuenta que, tras una juventud acomodada, renunció a sus bienes en favor de los pobres y llevó una vida de gran austeridad, con ayunos, oración nocturna y el rezo diario de todo el salterio.
Sirvió en la corte de los reyes merovingios antes de ser elegido obispo de Bourges, probablemente hacia el año 624. En el 627 participó en el concilio de Clichy y consagró como obispo de Cahors a san Desiderio, con quien mantuvo una amistad y una correspondencia que se conservan en parte. Fue un pastor muy querido por su pueblo, al que defendió de los abusos de un funcionario del rey Dagoberto I, y se preocupó sobre todo por la ayuda a los necesitados.
En sus últimos años, agotado, pidió ser sustituido para dedicarse por completo al cuidado de los pobres. Murió en el año 647, y su funeral reunió una multitud tan grande que el clero tuvo dificultades para celebrar las exequias. Su culto se extendió por Francia, y en su honor se dedicó en París la iglesia de Saint-Sulpice, que dio nombre a la Compañía de San Sulpicio, dedicada a la formación de sacerdotes. Su memoria se celebra el 17 de enero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.