San Silvano fue obispo de Terracina, en el Lacio, en el centro de Italia, en el siglo V. Según la tradición, era originario del norte de África y llegó a Italia con su padre, Eleuterio, huyendo de la persecución de los vándalos, el pueblo germánico de religión arriana que había conquistado aquella región y hostigaba a los católicos.
Siempre según la tradición, padre e hijo se establecieron en Terracina, y en el año 443, al morir el obispo de la ciudad, Silvano fue elegido para sucederle. Su episcopado fue muy breve, pues murió nueve meses después, y su padre fue elegido como sucesor. Un antiguo martirologio lo recuerda como «obispo y confesor», título que podía referirse tanto a un mártir como a alguien que había sufrido por la fe, por lo que no se sabe con certeza si murió de forma violenta.
Su recuerdo quedó ligado a una iglesia y un monasterio dedicados a él en las afueras de Terracina, en las laderas del monte Leano, de los que quedan restos. La localidad que creció a su alrededor tomó el nombre de San Silviano, una de las formas populares de su nombre. Su memoria se celebra el 10 de febrero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.