
Caralampo (en griego, Jaralambos) es un mártir de los primeros siglos muy venerado en las Iglesias de tradición bizantina, sobre todo en Grecia. Según la tradición, era sacerdote en Magnesia, en la provincia romana de Asia, en la actual Turquía, y murió a comienzos del siglo III, en tiempos del emperador Septimio Severo, por haber seguido predicando el Evangelio a pesar de las prohibiciones.
Los relatos de su martirio son tardíos y poco fiables desde el punto de vista histórico. Cuentan que el gobernador que lo juzgaba participó personalmente en la tortura y que sus manos quedaron paralizadas, hasta que el mártir rezó por él y las recuperó. Ante el prodigio, dos de los verdugos, Porfirio y Daucto, y tres mujeres que presenciaban la escena se declararon cristianos, y todos fueron condenados a muerte. El Martirologio Romano recoge esta memoria colectiva el 10 de febrero, sin entrar en los detalles legendarios.
En el Oriente cristiano su fiesta es muy popular: muchas parroquias y monasterios griegos están dedicados a él, el nombre de Jaralambos es frecuente en Grecia y se le invoca como protector frente a las epidemias. En Occidente su culto llegó a algunos lugares durante la Edad Media, como la región belga de Hainaut, donde se decía conservar reliquias suyas.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.