
San Guillermo de Malavalle fue un ermitaño del siglo XII que vivió en la Toscana. Se sabe poco con certeza sobre sus orígenes: era probablemente francés y, según la tradición, había llevado una vida mundana, quizá como soldado, antes de convertirse, y como penitente peregrinó a varios santuarios, entre ellos Roma, Santiago de Compostela y Tierra Santa.
Al regresar, se retiró a un lugar solitario y agreste llamado Malavalle, cerca de Castiglione della Pescaia, en la actual provincia de Grosseto, donde pasó sus últimos años en oración, silencio, ayuno y penitencia. Allí lo acompañó y cuidó un discípulo llamado Alberto, que tras la muerte del maestro puso por escrito sus costumbres y su regla de vida. Guillermo murió en 1157.
Su sepulcro atrajo pronto a numerosos peregrinos, y algunos se quedaron en Malavalle para imitar su vida. Así nació la orden de los ermitaños de San Guillermo, o guillermitas, que se extendió por Italia, Francia, Alemania y los Países Bajos, y que en parte se unió en el siglo XIII a la Orden de San Agustín. Su culto fue aprobado por el papa Alejandro III. No debe confundirse con san Guillermo de Aquitania, con quien a veces se le mezcló en la tradición.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.