
Pascual I fue papa entre los años 817 y 824. Era romano y, antes de su elección, había sido abad del monasterio de San Esteban, junto a la basílica de San Pedro. Fue elegido el mismo día de la muerte de su predecesor, Esteban IV, y comunicó su elección al emperador carolingio Luis el Piadoso, que confirmó los derechos y territorios de la Iglesia de Roma en un documento conocido como Pactum Ludovicianum.
Durante su pontificado el emperador bizantino León V reanudó en Constantinopla la persecución contra el culto de las imágenes. Los defensores de la ortodoxia, como el patriarca san Nicéforo y el abad san Teodoro Estudita, buscaron el apoyo del papa, y Pascual envió legados para defenderlos, aunque sin resultado. Acogió en Roma a muchos monjes griegos que huían de la persecución y les cedió monasterios en la ciudad. Pascual fue además un gran constructor: restauró y embelleció iglesias como Santa Práxedes, Santa Cecilia y Santa María in Domnica, cuyos mosaicos, en los que él mismo aparece retratado con el nimbo cuadrado de los vivos, se conservan todavía. Trasladó desde las catacumbas a las iglesias de la ciudad los restos de numerosos mártires, entre ellos los de santa Cecilia.
Su pontificado tuvo también momentos oscuros: en 823 fueron asesinados en Roma dos funcionarios pontificios del partido contrario, y el papa tuvo que defenderse bajo juramento de la acusación de haber instigado el crimen. Murió en 824 y fue sepultado en Santa Práxedes. Se le recuerda el 11 de febrero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.