
San Adolfo pertenecía a la familia de los condes de Tecklenburg, en Westfalia, en el noroeste de Alemania, y vivió a finales del siglo XII y comienzos del XIII. Siendo aún muy joven fue nombrado canónigo de la catedral de Colonia, pero, deseoso de una vida más entregada a Dios, ingresó en la abadía cisterciense de Kamp, en la región del Rin, una de las fundaciones más antiguas de esa orden en tierras alemanas.
En 1216, cuando el obispo de Osnabrück fue trasladado a otra sede, Adolfo fue elegido para sucederle. Como obispo conservó el estilo austero y sencillo de su vida monástica. Las fuentes lo recuerdan sobre todo por su caridad con los pobres y los enfermos y por la impresión que su vida de penitencia y oración causaba entre los habitantes de la ciudad.
Murió el 30 de junio de 1224, tras unos ocho años de episcopado. Fue sepultado en la catedral de Osnabrück, y desde entonces los fieles lo veneraron como santo. Aunque nunca hubo una canonización formal, su culto se mantuvo a lo largo de los siglos: en el siglo XVII se le dedicó un altar y sus reliquias fueron colocadas en un lugar de honor. Hoy es venerado especialmente en la diócesis de Osnabrück y por la orden cisterciense.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.