
Onofre fue un ermitaño que, según la tradición, vivió en el desierto de Egipto hacia los siglos IV o V, en la época en que miles de cristianos se retiraban a esas soledades para llevar una vida de oración y penitencia. Lo que se sabe de él procede de un relato atribuido a un monje llamado Pafnucio, que cuenta su encuentro con varios anacoretas del desierto y que fue muy leído en Oriente y Occidente.
Según ese relato, Pafnucio, después de varios días de camino por el desierto, encontró a un hombre anciano cubierto solo por su largo cabello y su barba y con un ceñidor de hojas. Era Onofre, que le contó que había sido monje en un monasterio de la región de Tebas y que lo había dejado para vivir solo, como el profeta Elías y san Juan Bautista. Llevaba unos sesenta años en el desierto, alimentándose de los frutos de una palmera y del agua de una fuente, y sostenido en la oración. Poco después de aquel encuentro murió, y Pafnucio le dio sepultura.
Su culto se difundió ampliamente en las Iglesias de Oriente y en Europa durante la Edad Media. Se le representa como un anciano casi desnudo, cubierto por sus cabellos. En España e Hispanoamérica es una devoción popular, y en varios lugares se le venera como patrono, por ejemplo de algunos pueblos y gremios. Su memoria se celebra el 12 de junio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.