San Marcelo fue un centurión del ejército romano que murió mártir en Tánger, en el norte de África, en el año 298. Su pasión se ha conservado en un texto cuyo núcleo, formado por las actas de dos interrogatorios ante tribunales, se considera históricamente auténtico.
Según ese relato, durante la celebración del cumpleaños del emperador, cuando los soldados participaban en sacrificios en honor de los dioses, Marcelo se quitó públicamente las insignias militares y las arrojó, declarando que, como cristiano, solo servía a Cristo y no podía seguir obligado por el juramento militar ni participar en el culto a los dioses. Fue arrestado y, tras un primer interrogatorio, enviado ante el viceprefecto Agricolano en Tánger, que lo condenó a morir decapitado. Las actas mencionan también al secretario del tribunal, Casiano, venerado luego como mártir.
Su tradición está unida a la ciudad de León, en España, donde tenía su base la legión VII Gemina, y donde se le venera como patrono. Una leyenda medieval lo convirtió en esposo de santa Nona y padre de doce hijos mártires, pero ese relato no tiene base histórica. Sus reliquias se trasladaron a León en el siglo XV y se conservan en la iglesia de San Marcelo.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.