Filogonio fue obispo de Antioquía de Siria, una de las grandes sedes de la Iglesia antigua, en los primeros años del siglo IV. Antes de su elección era un laico casado, con una hija, y ejercía como abogado; tenía fama de elocuente, de honrado y de defender con eficacia a quienes eran injustamente acusados. Hacia el año 319, a la muerte del obispo Vital, fue elegido para gobernar la Iglesia de la ciudad.
Vivió los últimos años de las persecuciones contra los cristianos y, según la tradición, confesó la fe en tiempos de los emperadores Maximino y Licinio. Como obispo fue de los primeros en oponerse a Arrio, el presbítero de Alejandría que negaba la plena divinidad de Cristo, y estuvo del lado de san Alejandro de Alejandría en la defensa de la fe que poco después proclamaría el Concilio de Nicea, en 325. Murió hacia el año 324, antes de la celebración del concilio.
Conocemos su figura sobre todo gracias a san Juan Crisóstomo, que en el año 386, siendo presbítero de Antioquía, pronunció una homilía en su honor el día de su fiesta, el 20 de diciembre. En ella elogia su integridad, su prudencia y el buen estado en que dejó a la comunidad cristiana de la ciudad.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.