
Eusebio fue obispo de Roma durante unos pocos meses, probablemente en el año 309 o 310. Según el Liber Pontificalis era de origen griego e hijo de un médico. Sucedió al papa Marcelo en un momento muy delicado: la Iglesia de Roma salía de la gran persecución de Diocleciano y estaba dividida por el problema de los lapsi, los cristianos que habían renegado de la fe durante la persecución y luego pedían volver a la comunión.
Eusebio mantuvo la disciplina de su predecesor: los apóstatas podían ser readmitidos, pero solo después de hacer penitencia. Un grupo encabezado por un tal Heraclio exigía, en cambio, una readmisión inmediata, y el enfrentamiento provocó graves desórdenes en la ciudad. Lo sabemos sobre todo por el epitafio que el papa san Dámaso compuso décadas después para su tumba, que habla de discordias, luchas y sediciones entre los fieles. Para restablecer el orden, el emperador Majencio desterró a Sicilia tanto al papa como a Heraclio.
Eusebio murió en el exilio poco después. Su cuerpo fue llevado más tarde a Roma y sepultado en las catacumbas de San Calixto, en la Vía Apia, donde se conserva la cripta que lleva su nombre y donde se han hallado fragmentos de la inscripción de Dámaso. Por haber muerto desterrado por mantener la disciplina de la Iglesia, se le venera como santo, y su memoria se celebra el 17 de agosto.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.