En el año 484 el rey vándalo Hunerico, que profesaba el arrianismo, desencadenó en el norte de África una dura persecución contra los católicos. Desterró a cientos de obispos y presionó con violencia a los fieles para que aceptaran la doctrina arriana. Los hechos fueron narrados por Víctor de Vita, obispo contemporáneo, en su Historia de la persecución vándala, una de las fuentes principales sobre esta etapa de la Iglesia africana.
Entre los mártires de aquella persecución destaca Dionisia, una mujer respetada por su fe y su piedad, que fue azotada públicamente. Según el relato, al ver que su hijo adolescente, Mayórico, temblaba ante los tormentos, lo animó recordándole que habían sido bautizados en el nombre de la Trinidad y que no debían perder la vestidura del bautismo. El muchacho resistió hasta morir, y su madre lo enterró en su propia casa. También sufrieron por la fe Dativa, hermana de Dionisia, el médico Emiliano, pariente suyo, y otros cristianos como Leoncia, Tercio y Bonifacio, cuyos nombres recoge la tradición.
Algunos murieron en los tormentos y otros sobrevivieron como confesores de la fe. El Martirologio Romano los recuerda juntos el 6 de diciembre como testigos de la fe católica frente a la persecución arriana. Su historia muestra la firmeza de las familias cristianas del norte de África en un periodo en el que la Iglesia de esa región, la de san Cipriano y san Agustín, sufrió grandes pruebas.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.