
Basílides fue un soldado romano que murió mártir en Alejandría, en Egipto, a comienzos del siglo III, durante la persecución del emperador Septimio Severo. Su historia es conocida gracias al historiador Eusebio de Cesarea, que la recoge en su Historia eclesiástica, y está inseparablemente unida a la de santa Potamiena, una joven cristiana condenada a muerte en la misma ciudad.
Según ese relato, Basílides era uno de los soldados encargados de conducir a Potamiena al lugar de su ejecución. Mientras la llevaban, la multitud la insultaba y algunos intentaban ultrajarla; Basílides la protegió y la trató con compasión. Ella le agradeció su gesto y le prometió que, una vez junto a Dios, rezaría por él. Potamiena murió quemada con pez hirviendo junto a su madre, Marcela.
Poco tiempo después, Basílides se negó a prestar un juramento pagano exigido a los soldados y declaró que era cristiano. Fue encarcelado y, según contó él mismo a los cristianos que lo visitaron, Potamiena se le había aparecido en sueños. Recibió el bautismo en prisión y fue decapitado hacia el año 205. Eusebio lo menciona entre los discípulos de la escuela de Orígenes martirizados en esos años. El Martirologio Romano lo recuerda el 30 de junio, separado ahora del grupo de mártires alejandrinos con el que antes se le celebraba.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.